Corría el año de 1992 cuando a mi salón llegó la maestra de inglés diciendo que traía una nueva actividad para nosotros, nos invitaba a escribir cartas a través de una compañía llamada International Youth Company, aún recuerdo el nombre, aún recuerdo los formularios que teníamos que llenar para participar en el intercambio de cartas con otras personas del mundo, ¡si del mundo!, pagábamos un dólar por cada dirección que quisiéramos, después seleccionábamos el país de preferencia, el sexo de la persona, el rango de edad y a esperar noticias. Días después, llegaban a nuestras manos los datos de nuestros futuros amigos con los cuáles nos poníamos en contacto a través del correo postal. Me gustaba comprar hojas decoradas, hermosos sobres y a escribir se ha dicho, mandaba recortes de revistas, fotografías dedicadas, una que otra postal, dibujos, después cerraba el sobre, colocaba los datos necesarios, iba a la oficina de correos, pedía mi estampilla, (internacional porque eso lo hacía m...